Observa el cielo oscuro
sin ninguna nube a primera hora de la tarde. Ha seguido con su rutina sin saber
porqué. Paseo por La Ramblas como cada día, un par de horas de cruzarse con
turistas japoneses, grupos de nórdicos de piel rojiza, las estatuas humanas que
se mueven al tintineo de las monedas que caen en las cajas enfrente de ellos.
Hoy ni tan siquiera los ha ayudado tirando un par de monedas de euro. Los pájaros
en las jaulas que apenas escucha, las flores hoy marchitas a sus ojos o las
dibujantes de los que a menudo toma ideas prestadas no significan nada hoy. Una
caña y una ración de bravas en un bar de la plaza reial le han abierto el
hambre, un signo de que a pesar de todo, aún esta vivo, aunque en este momento,
a él no le alegre la sensación. El ruido del estómago ha movido sus piernas
para, siguiendo su rutina inconsciente, llevarle una vez más al bar de su viejo
conocido Alfonso.