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3/11/13

PASEOS

Salía cada día a pasear su fox terrier desde hacía semanas, meses y años…
Hoy camina entre farolas apagadas y arboles sin hojas, sobre unas baldosas que ya conocen la forma sus pasos. Se siente extraño rodeado de las miradas de los vecinos que lo ven pasar. Por las mañanas, esos ancianos con boinas de franela y gafas oscuras; y, por las tardes, antes de cenar solo  y viendo el informativo de la 1, esos jóvenes con gorras y fumándose un porro. Todos parecen observarle con ojos sospechosos, como si fuera un extranjero en el entorno, un paseador extraño con la correa en una mano y una bolsita de plástico para recoger los excrementos, en la otra.

11/6/13

MI SEMANA CON ELI


I      Lunes, 10:07 AM. Aula de plástica; Instituto. Estoy sentado en un pupitre tras unas grandes mesas blancas adornadas por debajo con chicles pegados de varios sabores y texturas. Estoy aburrido, siempre me pasa cuando mandan “dibujo libre”. Mis compañeros, abalanzados sobre sus Din-A3 con los lápices a todo trapo; yo apenas he sacado punta y estoy adormilado observando la puerta. De repente, se abre. Nuestro tutor Toni, entra con una chica detrás de él: 
—Chicos, os presento a Eli, vuestra nueva compañera, tratarla bien.

6/4/13

TAN BUENOS COMO EL PAN


—Eustaquio, ¿vienen esas cervezas?
—Ya van, Sepia, ya van —le responde el dueño del bar, mientras cierra la puerta de la nevera. Se palpa la rodilla,  y pone en la bandeja tres volldamms y una coronita con un trozo de limón para el Sepia.
    —Joder, ya era hora, jefe.
—¿A qué hora llega Paco?, ¿saben algo? —interviene Lolo, con los dedos entrecruzados, los codos bien aposentados en el borde de la mesa y los brazos alineados en paralelo.
—Me acaba de enviar un mensaje —responde Eustaquio, secándose las manos en su delantal aceitoso y acercándose a la mesa—, dice que llega en nada, está comprando el… Un vinito para la cena. Dice que el que tengo yo es malísimo. ¡Qué sabrá él!
La reunión en el bar de Eustaquio los martes por la noche, se ha convertido en un hábito saludable para ellos. Cervezas, partidita, si hay futbol, futbol, y cena que se alarga hasta las tantas con los cubatas.
—Me parece que últimamente va más estresado. No sé porque será… Eustaquio, tráete algo para picar, mientras —el Sepia dando un sorbo a la Coronita— prepárate una ensaladita o algo así, jefe.
—¿No podías pedir unas olivitas como todo el mundo?
—No te quejes, que hoy te salvamos la noche. —responde irónico.
—¿Cómo le va en el bar, Eustaquio? —pregunta Lolo, girando su cuello con cuidado, mirando a la barra—. ¿Mucha clientela?
—No te oye —responde convincente el Sepia—, está refunfuñando. Y eso ya te lo digo yo: por la mañana bebedores de trifásico y jubilados, al mediodía curreles de menú y por las noches proxenetas tomando un Gintonic y chavales de botellón en busca de más bebida, como el jefe se lo vende a buen precio... Lo mejor de cada casa, colega.